
Ayer me bajé de los tacones y recorrí Oviedo de arriba a abajo, estuve horas caminando, por el sólo placer de salir a tomar el aire, cada vez más frío, y mirar escaparates, y darme cuenta de que la Navidad, un año más, está a punto de irrumpir con su fuerza habitual en la vida diaria. Porque a mí me gustan mucho estas fechas. Me gustan las luces, el calor en casa, los adornos, poner el árbol, las felicitaciones y todo lo que trae consigo esta época. Luego pasa tan rápido, que urge aprovecharlo bien desde el principio. Así debería ser siempre.